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viernes, 20 de agosto de 2010

EL EMBARAZO... OH NO...!!!


Las náuseas y el cansancio no son las únicas molestias de las futuras mamás. Muchas veces, el embarazo va acompañado de otros 'engorros' de los que no suelen hablar ni los ginecólogos ni quienes ya han vivido la experiencia de traer un bebé al mundo. No son peligrosos, no afectan a la salud de la madre o el bebé pero, sin duda, pueden convertirse en "la parte menos agradecida del proceso", tal y como señalan los especialistas. Repasamos los más comunes:
  • Cambios en la mucosa vaginal. Debido al incremento de los niveles hormonales durante la gestación, la cantidad de flujo vaginal aumenta y éste se vuelve más oscuro. Además, después de mantener relaciones sexuales, con la presencia de contracciones u otros factores, los pequeños capilares que están en el cuello del útero también pueden teñir el flujo de tonos rosados o rojizos, sin que esto deba considerarse un signo de alarma
  • Pérdidas de orina. Para albergar al futuro bebé, el útero aumenta su tamaño, lo que hace que la vejiga pierda parte de su capacidad para almacenar la orina. Debido a esta causa, especialmente a partir del segundo trimestre de embarazo, las mujeres embarazadas sienten la necesidad de ir al baño mucho más a menudo que antes. El aumento de peso sobre la pelvis de la embarazada también provoca una cierta debilidad del suelo pélvico que hace que, con pequeños esfuerzos o ejercicios, puedan producirse pérdidas involuntarias de orina. Esta pequeña incontinencia desaparece habitualmente tras el parto con los ejercicios para fortalecer y revitalizar el suelo pélvico.
  • Problema con los gases. Durante el embarazo, los mayores niveles de progesterona que circulan por el organismo provocan una relajación de los músculos del intestino. El tránsito intestinal se hace más lento, por lo que aumentan las probabilidades de sufrir estreñimiento. Esta situación puede agravarse por la presión que ejerce el útero sobre la zona, lo que hace que sea más frecuente la sensación de plenitud abdominal, hinchazón y dificultad para expulsar los gases.
  • Mojar la almohada. Sobre todo en el primer trimestre, el incremento de los niveles hormonales hace que aumente la salivación. Aunque no suele ser un problema grave, este exceso de saliva puede contribuir a las náuseas características de esta etapa.
  • Hemorroides. Las hemorroides aparecen por sobrecarga de la sangre en las venas de la pelvis. La sangre tiene más dificultad para volver al corazón porque se vuelve más espesa durante la gestación. El peso sobre las venas de la pelvis dificulta aún más ese retorno, por lo que las pequeñas venas de la zona se dilatan y forman hemorroides. La vulva e incluso las piernas también pueden verse afectadas por este problema venoso.
  • Manchas en la piel. Debido nuevamente a las hormonas, determinadas zonas de la piel se vuelven más oscuras con el embarazo. Esto sucede en las areolas de los pezones, el pliegue nasogeniano (encima de los labios y bajo la nariz), la denominada 'línea alba' –que va desde el ombligo hasta el pubis-, e incluso los genitales. También las mejillas pueden adquirir un cierto tono cobrizo. No es recomendable una exposición excesiva al sol y siempre deben utilizarse fotoprotectores solares de índice elevado.
  • Aumento del vello corporal. Las hormonas también son las culpables de que algunas embarazadas sufran la aparición de vello en zonas donde previamente no tenían, como mejillas, piernas o abdomen. Los especialistas recuerdan que este fenómeno es poco común y suele desaparecer tras la gestación.
  • Molestias digestivas. La progesterona también afecta al funcionamiento correcto del esfínter que regula el tránsito de los alimentos entre el esófago y el estómago. De ahí las frecuentes molestias o la sensación de ardor que incluso puede llegar hasta la boca. Además, el aumento de la presión intraabdominal también contribuye a estas molestias.
  • Mayor sudoración. El incremento del volumen sanguíneo hace que aumente la temperatura corporal. Por eso, es frecuente sudar cuando se realizan pequeños esfuerzos. Es especialmente frecuente en el primer trimestre del embarazo.

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