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lunes, 8 de julio de 2013

LOS AGRESORES SEXUALES SE REHABILITAN?


anapixel
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Un agresor sexual puede llegar a rehabilitarse alguna vez?

Los expertos lo tienen claro: con una buena terapia, la reincidencia disminuye notablemente. La literatura científica muestra que las terapias logran de media una reducción de la reincidencia del 50%,

No hay un perfil típico de un agresor. Un agresor sexual puede ser, eventualmente, una persona estable o inestable, introvertida o extrovertida, homosexual o heterosexual, joven o mayor, dependiente o independiente. Hay muchas teorías que pueden explicar en cada caso qué lleva a un agresor a cometer su delito, pero no hay ninguna que pueda explicarlos todos.

Sabemos que entre los agresores sexuales se encuentran muchos psicópatas o bien, a veces, personas aparentemente normales con culturas machistas que consideran inferior a la mujer. En estos casos se trata, habitualmente, de conocidos que cuando la mujer se niega a mantener relaciones con ellos las agreden sexualmente. En otras ocasiones, encontramos personalidades neuróticas con grandes dificultades para establecer relaciones interpersonales y sexuales normales. Tampoco faltan los individuos antisociales que agreden en el marco de una conducta 'delincuencial', por ejemplo un robo a domicilio, y que muchas veces actúan en grupo.

Los agresores sexuales tienen carencias en su comportamiento y preferencias sexuales, en su conducta social y en su forma de pensar. Todas estas facetas deberían considerarse a la hora de aplicar un tratamiento.

La primera herramienta es una técnica de condicionamiento para conseguir que los individuos tengan mayores habilidades sociales. El segundo elemento es una reestructuración cognitiva, que consiste en cambiar creencias, formas de pensar, etc. Por ejemplo, cambiar sus valores sobre la sexualidad y la mujer. Porque estas personas tienen un componente cultural muy fuerte. Por último, un proceso de regulación emocional que consiste en mejorar los niveles de autocontrol, es decir, identificar el impulso y que sepan aislarlo y combatirlo, ayudándoles a pensar en otras cosas.

Otra opción que se contempla, con el consentimiento del violador tras cumplir su condena y si presenta un riesgo elevado de reincidencia, es la administración de fármacos inhibidores del deseo sexual, también conocida como castración química. Se trata de fármacos que, administrados de forma continuada y controlada, disminuyen los niveles de testosterona, la hormona masculina por excelencia.

En EEUU, la castración química se lleva aplicando desde hace dos décadas aproximadamente.

Son varios los problemas que conlleva este método 'rehabilitador'. Uno es que no es irreversible. Se necesita una dosis del producto dosificada cada cierto tiempo y tienes que contar, sí o sí, con la voluntad del paciente. De hecho, hay experiencias en EEUU, sobre todo en California, donde los individuos son capaces de comprar, por métodos ilegales o en internet, productos para aumentar su testosterona, con lo cual volvemos al principio del problema. Un segundo problema es que al tratarse de un medicamento conlleva numerosos efectos secundarios como depresiones, irritabilidad o aumento de las mamas, entre otros.

Por último, se puede eliminar durante un tiempo la erección, pero no se puede evitar que tenga la fantasía violenta. Muchas veces los agresores sexuales no persiguen tanto la satisfacción sexual sino ejercer un dominio sobre la víctima, tener control y poder sobre ella para así agrandar su autoestima. Varios estudios en EEUU señalan que sólo la castración química puede ayudar si se usa temporalmente, pero siempre debe ir acompañada de terapia psicológica, porque de lo que se trata es de cambiar la voluntad y el impulso sexual.

miércoles, 19 de junio de 2013

LOS MALOS TRATOS DEBEN SER DENUNCIADOS POR LOS MEDICOS


Sus parejas les hacen temblar y ese miedo exorbitante es el que impide que muchas mujeres denuncien los malos tratos que reciben por parte del que un día prometió quererlas y respetarlas hasta la muerte. Un final que a veces imponen ellos con su violencia. El año pasado murieron 52 mujeres a manos de sus compañeros sentimentales (sólo 10 habían denunciado violencia de género) y en lo que va de 2013 la cifra asciende a 26 (cinco con denuncias previas).
No cabe duda de que la violencia de género es un problema muy importante de salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que entre un 15% y un 71% de la población femenina sufre algún tipo de violencia física o sexual por parte de sus parejas. Y este abuso, advierte dicho organismo, se da en todas las clases sociales y en todos los niveles económicos.
Por desgracia, sólo se conocen los casos de quienes deciden dar el paso y denuncian. El año pasado, según el Instituto Nacional de Estadística, en España 32.242 mujeres fueron identificadas como víctimas de violencia machista e inscritas en el Registro Central que el Ministerio de Justicia tiene para estos fines, lo que supone una tasa de 155,7 víctimas por cada 100.000 mujeres mayores de 14 años.
En esta lucha individual y social, el papel del personal sanitario resulta fundamental. Las mujeres que sufren cualquier forma de violencia de género acudirán con mayor frecuencia a los servicios sanitarios, en particular a Atención Primaria, Urgencias, Obstetricia, Ginecología y Salud Mental.
No sólo atenderán sus lesiones, también sus necesidades psicológicas(depresión, trastornos del sueño, ansiedad, intento de suicidio...) y sociales (absentismo laboral, aislamiento social).
Cuando las víctimas no reconocen su situación de abuso, el sanitario también es clave en la detección de su verdadero problema. Es importante que mantenga una actitud de alerta en la consulta para identificar los casos, tal y como señala el protocolo de actuación, donde se enumeran algunos de los indicadores de sospecha: antecedentes de haber sufrido o presenciado malos tratos durante la infancia, lesiones frecuentes, abuso de alcohol u otras drogas, de medicamentos, lesiones en genitales, abdomen o mamas durante el embarazo, abortos repetidos, ansiedad, baja autoestima, trastornos de conducta alimentaria, etc.
Según los especialistas, conviene fijarse en la congruencia entre el tipo de lesión y la explicación de la causa, observar lesiones por defensa (cara interna del antebrazo), lesiones en diferentes estados de curación (indican violencia de largo tiempo), rotura del tímpano, hematomas en zonas sospechosas como la cara, la cabeza, la cara interna de los brazos y de los muslos...
Muchas veces, los signos de violencia de género vienen determinados además por la actitud de la víctima y el agresor: Cuando él habla por ella, se muestra muy controlador, intentando banalizar los hechos, a veces incluso colérico u hostil con el profesional. En el caso de ella, cuando se presenta temerosa, incómoda, nerviosa, callada, con la autoestima baja, con sentimientos de culpa, angustia y vergüenza, falta de cuidado personal o si busca constantemente la aprobación de su pareja.
Como recomienda un informe de la OMS sobre 'Violencia contra las mujeres', dirigiéndose al personal sanitario, "no tenga miedo de preguntar. Contrariamente a la creencia popular, la mayoría de las mujeres están dispuestas a revelar el maltrato cuando se les pregunta de forma directa y no valorativa. En realidad, muchas están esperando silenciosamente que alguien les pregunte". Y así lo sugiere también el protocolo del Ministerio.

Existen etapas de especial vulnerabilidad, por ejemplo, el embarazo. Según los expertos, un porcentaje importante de malos tratos por parte del compañero comienza en este periodo. Es un buen momento para detectar la violencia de género. El seguimiento del embarazo "posibilita un contacto frecuente con las mujeres, por lo que las matronas, el personal de enfermería y de obstetricia pueden observar cualquier signo de alarma", reza el protocolo. Otro servicio favorable a la detección precoz es el del diagnóstico y tratamiento de enfermedades sexuales (uno de los signos de sospecha), también el de salud mental y pediatría.
Las consecuencias de la violencia de género se extienden a los hijos, quienes también pueden sufrir violencia por parte del padre, tienen mayor riesgo de alteración de su desarrollo integral, dificultades de aprendizaje y socialización y mayor frecuencia de enfermedades psicosomáticas, entre otros problemas.
El abordaje de este problema social requiere la implicación de todo el personal de servicios sanitarios. En la misma línea, un estudio que acaba de publicar la revista 'The Lancet' revela que las clínicas especializadas en traumatología y ortopedia son un buen lugar para identificar a las víctimas. Después de analizar durante un año a 2.954 mujeres con fracturas en 12 clínicas (de Canadá, EEUU, Países Bajos, Dinamarca e India), los investigadores observaron que una de cada seis había sufrido violencia de género.
Es cierto que las lesiones más fáciles de ver son las relacionadas con trauma-cirugía. En general, y según las estadísticas, entre los daños más frecuentes figuran: contusiones, traumatismos, heridas, quemaduras, cervicalgias, crisis de ansiedad, también enfermedades de transmisión sexual, infecciones urinarias, amenazas de aborto, hemorragia vaginal, etc.
En caso de sospecha, el sanitario tendrá que confirmar o descartar la situación de violencia. El protocolo sugiere realizar una entrevista clínica específica, ver a la mujer sola, observar sus actitudes y el estado emocional, facilitar la expresión de sus sentimientos y abordar directamente la pregunta. Si lo reconoce, el médico deberá "hacer sentir a la mujer que no es culpable, no emitir juicios de valor, alertar de los riesgos, no dar falsas esperanzas, ayudarla a ordenar sus ideas, no criticar su actitud, emitir el parte de lesiones y derivar a la mujer a trabajo social o a los recursos adecuados". Después, habría que abordar la actuación con los hijos. Por el contrario, si la mujer no reconoce los malos tratos, hay que registrar la sospecha en la historia clinica y realizar un trabajo de seguimiento.

viernes, 30 de noviembre de 2012

CON EL ENEMIGO DENTRO


Los datos de violencia de género contra la mujer en la provincia de Buenos Aires indican que en la gran mayoría de los casos el agresor pertenece al círculo íntimo de la víctima. El 46,5% de las mujeres convive con su agresor; en el 50,4% el agresor es la pareja; y en el 27,8% es un familiar. El resto, que incluye tanto a conocidos como desconocidos de la víctima, representa sólo al 21% del total.

Los datos fueron presentados hoy por el Ministerio de Salud de la Provincia, en el marco de la jornada realizada en Tres de Febrero por el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, que se conmemora el 25 de noviembre.

“Este es el segundo año que implementamos el Registro de Violencia de Género y Familiar en nuestros hospitales y los datos obtenidos desde enero a octubre de 2012 nos confirman una tendencia ya señalada por organizaciones no gubernamentales: en el 80% de los casos de violencia de género la víctima tiene una relación estrecha con el victimario“, informó el ministro de Salud, Alejandro Collia.

El informe fue realizado por el Programa de Prevención y Atención de la Violencia Familiar y de Género, coordinado por Lidia Tundidor, y comprende 587 casos de violencia registrados entre enero y octubre de este año en hospitales de la Provincia. De ese universo, el 90% de los casos corresponde a mujeres y tienen su pico entre los 15 y 34 años. En total, esa franja etárea representa a más del 50% de las mujeres víctimas de violencia.

“Las víctimas viven en lo que se llama el círculo de la violencia. Básicamente son tres fases que se repiten indefectiblemente, cada vez en forma más frecuente e intensa: la acumulación de la tensión, violencia psicológica, amenazas; el estallido con situaciones muy graves de violencia física, uso de armas; y la etapa de enamoramiento, donde la mujer perdona”, explicó Lidia Tundidor.

Las planillas del Ministerio de Salud para registrar los casos de violencia de género contemplan cuatro tipos de violencia: la física con un pico de un 30% entre los 15 y los 24 años; la psicológica, un 29% durante los mismos años; la sexual, un 19%; y la económica, un 38% entre los 25 a 34 años.

“Trabajamos con estas categorías, pero la realidad es que las modalidades de violencia se combinan. Por ejemplo, siempre hay un fuerte acompañamiento de violencia psicológica, donde la mujer pierde su autoestima, el agresor rompe el tejido social donde está inserta y ella siente que no es posible salir de esa vida de violencia”,  informó Tundidor.


Para esta misma fecha, pero en 2011, el ministerio de Salud de la Provincia presentó el primer estudio estadístico sobre violencia de género realizado por un organismo de gobierno argentino. En ese momento la muestra correspondía a 4 regiones sanitarias. “Ahora, un año después, incrementamos en un 200% los registros de violencia de género y familiar“, confirmó el ministro Collia y agregó que “de esta manera tenemos datos certeros para entender el problema y planificar políticas públicas acordes a la realidad”.
Actualmente, el registro de violencia de género se implementa en 9 regiones sanitarias, 25 hospitales provinciales, 10 unidades sanitarias y 3 organizaciones no gubernamentales. Cada vez que se atiende un caso de violencia de género los profesionales completan una planilla que es remitida al Ministerio de Salud, donde se generan las estadísticas.

“Estamos próximos a alcanzar una de nuestras metas, que es que todos los hospitales provinciales estén informando los casos. En menos de un año aumentamos en un 50% la cantidad de hospitales incluidos en el registro”, afirmó Tundidor. En la Argentina, entre 1 y 2 mujeres son víctimas de un caso de femicidio cada tres días.

(de Infobae)