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martes, 8 de abril de 2014

METODOS OLFATORIOS PARA CONTROLAR EL AVANCE EN EL ALZHEIMER


Dos investigadoras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) crearon una prueba olfativa para detectar signos clínicos de la enfermedad de Alzheimer, a fin de saber el grado de avance de un paciente para que especialistas médicos puedan tomar medidas al respecto.

La prueba de olores existe en Europa y Estados Unidos, pero no para la población mexicana; ese fue el primer objetivo del proyecto dirigido por la doctora Rosalinda Guevara Guzmán, de la Facultad de Medicina, y la doctora Patricia Severiano, de la de Química.

A decir de la doctora Guevara Guzmán, uno de los primeros rasgos del Alzheimer es la pérdida olfatoria, “pero no se reporta por qué se relaciona frecuentemente con la edad avanzada, con algo que tiene que suceder por el paso del tiempo, cuando en realidad no se presenta en todas las personas.

“Tenemos más desarrollados los sistemas auditivo y el visual, pero también disminuyen sus capacidades por el paso del tiempo, como sucede con los sistemas gustativo y olfatorio. Lo grave en estos últimos es que su deterioro puede ocasionar que el afectado deje de comer y comprometa su salud, ya que al cambiar sus umbrales olfatorios y gustativos no huele ni encuentra sabor a los alimentos, lo que deriva en problemas de desnutrición”.

La selección de aromas se realizó a través de un cuestionario a 1.500 mexicanos de toda la República, para que eligieran los olores que les eran más familiares, de los cuales seleccionaron 59 y después sólo se quedaron con 20 aromas herbales, especiados, florales y frutales, entre ellos guayaba, café, rosa, canela, hierbabuena, cilantro

 La prueba consiste en pedir a las personas mayores oler las concentraciones de aromas, se les pregunta si las perciben, enseguida que las identifiquen y, por último, distinguen ese aroma entre los demás. También se realiza una prueba de umbral que indica cómo aumenta el grado de reconocimiento al incrementarse la concentración de la sustancia que se les da a oler.

El examen cognitivo ayuda a determinar si existe alguna alteración del conocimiento provocada por un daño neuronal causado por el mal de Alzheimer u otros trastornos neurodegenerativos; para el test de memoria se eligieron olores no familiares a fin de que la persona los detectara y recordara de qué se trata.

La prueba se repite a lo largo de tres sesiones, una por semana, y si en la tercera el paciente identifica al 100 por ciento los olores indicará que no hay indicio de Alzheimer; pero de haber problemas en el reconocimiento será signo de que el proceso cognitivo de la función olfatoria tiene algún deterioro.

 En los casos en que el individuo dice que sí percibe el olor pero no sabe qué es lo que huele, se le muestran dibujos de la figura que se trate para que haga la relación, es decir, por la asociación visual se comprueba que su memoria olfativa sea efectiva.

La doctora Guevara Guzmán señala que para determinar el grado de avance del problema se hace un comparativo de los resultados con los de personas de la misma edad y el mismo sexo, del mismo estatus sociocultural y de salud en general.

“La prueba se debe hacer periódicamente para reconocer el grado de avance y determinar el tratamiento a seguir por parte de un especialista médico. El test es indicador temprano de que hay disminución de las capacidades olfatorias y que hay riesgo de desarrollar Alzheimer.

“Hemos visto que cuando una persona se encuentra en estado avanzado de demencia o ya tiene la enfermedad de Alzheimer, su memoria olfativa falla y ya no puede hacerse nada para solucionarlo”, puntualiza la científica de la UNAM.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en el mundo hay casi 20 millones de enfermos del mal de Alzheimer, padecimiento que regularmente se presenta en gente mayor a 65 años, aunque los primeros síntomas se experimentan entre los 40 y 50 años, y en México se estima la afectación en cerca de 500 mil personas, cifra que en menos de 10 años podría triplicarse al considerar el cambio en la pirámide poblacional. (Fuente: AGENCIA ID/DICYT)

MOVIMIENTOS OCULARES PUEDEN DETECTAR ALZHEIMER


Teniendo en cuenta que las alteraciones en el cerebro pueden modificar el movimiento de los ojos durante la lectura, un equipo de científicos de Bahía Blanca (Argentina) desarrolló una técnica que podría servir para mejorar la detección temprana de la enfermedad de Alzheimer y otras patologías neurodegenerativas.

“La lectura de un texto requiere la integración eficiente de varios subsistemas cognitivos, desde el control oculomotor hasta la modulación de la atención y la comprensión del lenguaje”, explicó a la Agencia CyTA uno de los autores del proyecto, el doctor Gerardo Fernández, del Instituto de Investigaciones en Ingeniería Eléctrica “Alfredo Desages” (IIIE), que depende del CONICET y de la Universidad Nacional del Sur (UNS), en Bahía Blanca.

“En lectores sanos, los movimientos oculares siguen un patrón diferente al de personas con trastornos neurológicos y cognitivos”, puntualizó Fernández.

Usando la técnica de “eyetracking” (dispositivo de seguimiento ocular), los investigadores registraron los movimientos de los ojos de 20 personas con probable Alzheimer incipiente y de 40 adultos mayores sanos durante la lectura de 198 oraciones especialmente construidas para evaluar procesos cognitivos complejos. Los correlatos mentales que fueron evaluados con la lectura fueron atención, memoria y comprensión.


LA GENETICA MAS LOS PESTICIDAS: MALA COMBINACION PARA EL ALZHEIMER


En estudios anteriores, se determinó que algunos pesticidas pueden incrementar el riesgo de que las personas desarrollen el Mal de Parkinson. Ahora, unos investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Estados Unidos, han descubierto que la fuerza de dicho riesgo depende del perfil genético de cada individuo que, en la mayoría de las poblaciones expuestas a pesticidas, podría incrementar entre dos y seis veces más las probabilidades de que una persona desarrolle esta enfermedad severa.

En un estudio anterior, sobre el que los redactores de NCYT de Amazings escribimos un artículo (http://noticiasdelaciencia.com/not/6192/) publicado el 24 de enero de 2013, el equipo de la UCLA descubrió un vínculo entre el Mal de Parkinson y el pesticida benomyl, un fungicida que ha sido prohibido por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. En aquel estudio se encontró que el benomyl impide que la enzima aldehído deshidrogenasa (ALDH) convierta aldehídos (compuestos orgánicos que son altamente tóxicos para las células de dopamina en el cerebro) en agentes menos tóxicos, contribuyendo de ese modo a incrementar el riesgo de contraer La enfermedad de Parkinson.

Para el nuevo estudio, los investigadores de la UCLA pusieron a prueba más pesticidas, y constataron que once de ellos también inhibían la ALDH e incrementaban el riesgo de desarrollar el Mal de Parkinson, incluso a niveles de pesticida mucho menores que los que se usan actualmente. Así lo denuncia Jeff Bronstein, profesor de neurología en la UCLA y miembro del equipo de investigación.

 El equipo también descubrió que las personas con una variante genética común del gen ALDH2 son particularmente sensibles a los efectos de pesticidas inhibidores de la ALDH y son de dos a seis veces más proclives a desarrollar el Mal de Parkinson cuando están expuestos a estos pesticidas que aquellas personas que no poseen la variante.

Los resultados de este nuevo estudio se han presentado a través de la revista académica Neurology, de la Academia Estadounidense de Neurología.

MAS AVANCES EN EL DIAGNOSTICO PRECOZ DEL ALZHEIMER


Claudio Soto, un investigador chileno de la Universidad de Texas, es el autor principal de un estudio que revela la eficacia de una nueva técnica para localizar unos fragmentos proteicos que podrían ser claves en el diagnóstico del alzhéimer.

El trabajo, que se publica en la revista Cell Reports, indica que el nuevo método supondría una mejora en la valoración de esta enfermedad, que por ahora se detecta en etapas muy avanzadas.

“En la actualidad el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer se efectúa principalmente a través del examen clínico, el empleo de técnicas de escaneos cerebrales y de mediciones en líquido cefalorraquídeo. El principal problema es que esto sólo se logra en pacientes sintomáticos, en los cuales ya hay un deterioro considerable del cerebro”, explica a Sinc Claudio Soto.

No se conoce exactamente la etiología de la enfermedad pero los científicos apuntan a la acumulación en el cerebro de conglomerados de proteínas mal plegadas – como los agregados de amiloide y de ovillos neurofibrilares–.

“El estudio se basa en la detección de los oligómeros Aβ que son los precursores de las placas de amiloides típicas de la enfermedad de Alzheimer. Estas estructuras son consideradas las especias tóxicas que producen el daño neuronal en el cerebro de los pacientes,” añade Soto. 

El nuevo trabajo no demuestra que el método sea más precoz que los tradicionales ya que sólo se usaron muestras de pacientes diagnosticados con la enfermedad. “Sin embargo, se piensa que los oligómeros se generan años o quizás décadas antes de la aparición de las placas y de los síntomas clínicos”, destaca el investigador.

Para el estudio, el equipo de la Universidad de Texas, que ha trabajado en colaboración con neurólogos de la Universidad de Milán, utilizó una técnica que habían desarrollado para detectar las proteínas responsables de enfermedades priónicas como la de las vacas locas.

Se trata de una tecnología llamada Protein Misfolding Cyclic Amplification (PMCA) que detecta la presencia de proteínas malformadas características de este tipo de enfermedades.

El uso de este método en el alzhéimer mostró su alta eficacia para localizar los olígomeros Aβ en concentraciones muy bajas, según el estudio.

Los autores fueron capaces de discernir entre enfermos de alzhéimer y de otras patologías neurodegenerativas con un bajo porcentaje de error.

Según los investigadores, el siguiente paso será adaptar el uso de esta tecnología en muestras de sangre y orina para conseguir un método mucho menos invasivo.

Soto cree que “para llevar este método a la aplicación clínica habrá que hacer muchos más estudios en números grandes de muestras. También se tendrá que analizar si la nueva técnica es capaz de detectar oligómeros en personas con alto riesgo de desarrollar alzhéimer antes que los síntomas clínicos aparezcan”.

“La solución para el alzhéimer pasa por disponer de una detección temprana que permita identificar el proceso de la enfermedad antes de que el daño cerebral sea irreversible”, concluye el neurólogo.

En el mundo, el alzhéimer es la causa más común de demencia entre la gente mayor. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, esta enfermedad fue la cuarta causa de muerte en 2012 en España, murieron 13.015 personas, un 9,3% más que en 2011. (Fuente: SINC)

NEUROBIOLOGIA DE LA BIPOLARIDAD


El trastorno bipolar, una enfermedad mental grave que afecta a entre el 1 y el 2 por ciento de la población, causa cambios inusuales y drásticos en el estado de ánimo, alternando también entre el dinamismo y la apatía, e interfiere con la capacidad de realizar tareas cotidianas. Las personas con este trastorno pueden experimentar estados de ánimo y energía muy altos y muy bajos, hasta el punto de no querer ni levantarse de la cama cuando están deprimidas.

Las causas genéticas del trastorno bipolar son muy complejas y probablemente implican a muchos genes diferentes. La comunidad científica ha venido afrontando muchas dificultades en su intento de identificar todos los genes que lo causan. Un equipo de científicos de Estados Unidos, Colombia y Costa Rica ha probado a abordar el desafío con un nuevo enfoque.

En lugar de usar solamente una entrevista clínica estándar para determinar si los individuos cumplen los criterios de diagnóstico clínico del trastorno bipolar, los investigadores combinaron los resultados de escaneos cerebrales, pruebas cognitivas, y una serie de evaluaciones sobre el temperamento y la conducta. Con el nuevo método, unos investigadores de la Universidad de California en la ciudad estadounidense de Los Ángeles (UCLA), la Universidad de Antioquia en Colombia, la Universidad de Costa Rica, y otras instituciones de Estados Unidos, Colombia, Reino Unido, Bélgica y Guatemala, identificaron unos 50 parámetros cerebrales y de la conducta que están bajo un fuerte control genético y en los que se alcanzan valores característicos cuando la persona padece trastorno bipolar. Los descubrimientos de este nuevo estudio podrían ser un paso importante hacia la identificación plena de los genes específicos responsables de la enfermedad.

 El equipo de Carrie Bearden, de la UCLA, Juliana Gómez Franco, de la Universidad de Antioquia, y Carmen Araya, de la Universidad de Costa Rica, junto a una treintena de científicos de esas y otras instituciones, examinaron 738 adultos, 181 de los cuales tienen un trastorno bipolar severo. Los científicos usaron imágenes 3D de alta resolución del cerebro, cuestionarios que permitían evaluar el temperamento y rasgos de la personalidad en individuos diagnosticados con trastorno bipolar y en familiares de estos que no padecían dicha enfermedad, y una extensa batería de pruebas cognitivas para evaluar la memoria a largo plazo, la capacidad de atención, el control inhibitorio y otras habilidades neurocognitivas.

Aproximadamente 50 de estos parámetros mostraron evidencias claras de estar influidas por la genética. Particularmente interesante fue el descubrimiento de que los espesores de la materia gris en las regiones temporal y prefrontal del cerebro (las estructuras que son cruciales para el lenguaje y funciones cognitivas de nivel superior como el autocontrol y la resolución de problemas) fueron, de entre todos los rasgos, los candidatos más prometedores para el mapeo genético, debido tanto a su fuerte base genética como a su asociación con la enfermedad.

La investigación ha sido subvencionada por Colciencias (el Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia), el CODI (Comité para el Desarrollo de la Investigación) de la Universidad de Antioquia, y los Institutos Nacionales estadounidenses de Salud.

REPROGRAMACION QUIMICA CONTRA EL DAÑO MEDULAR ESPINAL


Un nuevo descubrimiento sugiere que un día podría ser posible reprogramar químicamente y reparar nervios dañados después de un traumatismo cerebral o una lesión en la médula espinal.

Unos investigadores del Imperial College de Londres en el Reino Unido y el Instituto Hertie adscrito a la Universidad de Tubinga en Alemania, han descubierto un posible mecanismo para regenerar fibras nerviosas dañadas en el sistema nervioso central. Este tipo de daño no se puede reparar en la actualidad, por lo que las personas que sufren una lesión de médula espinal, un derrame cerebral o un traumatismo en el cerebro, quedan a menudo con incapacidades serias, como pérdida de sensación y parálisis permanentes.

La investigación pone de manifiesto el papel de una proteína llamada factor asociado a P300/CBP (PCAF), que parece ser esencial para la serie de acciones genéticas y químicas que permiten a los nervios regenerarse. La regeneración de las fibras nerviosas es una de las mejores esperanzas de recuperación para las personas que tienen daños en el sistema nervioso central.

 Cuando el equipo de Simone Di Giovanni, del Departamento de Medicina del Imperial College, y Radhika Puttagunta, de la Universidad de Tubinga, inyectaron PCAF en ratones con daños en su sistema nervioso central, se incrementó significativamente el número de fibras nerviosas que volvieron a crecer, indicando ello que podría ser posible controlar químicamente la regeneración de nervios en el sistema nervioso central.

 Los resultados sugieren que puede ser factible controlar con precisión ciertos cambios químicos muy específicos para mejorar el crecimiento de nervios después de una lesión en el sistema nervioso central. El objetivo final podría ser desarrollar un tratamiento farmacológico para desencadenar el crecimiento y reparación de los nervios, logrando así un cierto nivel de recuperación en los pacientes.

El próximo paso en esta línea de investigación es ver si se puede inducir alguna forma de recuperación del movimiento y de otras funciones nerviosas en ratones después de haber estimulado el crecimiento de nervios a través del mecanismo identificado en el nuevo estudio. Si esto tiene éxito, entonces podría intentarse el desarrollo de un fármaco y realizar ensayos clínicos con personas. Los autores del estudio esperan que el camino que han abierto pueda algún día servir para que personas afectadas por daños como los descritos consigan recuperar la sensibilidad y la movilidad, aunque hay todavía muchos obstáculos que superar.

viernes, 7 de marzo de 2014

MUSICA PARA QUE EL CEREBRO SE RECUPERE


Su ojo sí ve, pero su cerebro no es consciente de la información visual. El 60% de los pacientes que sufren un infarto cerebral en su hemisferio derecho (concretamente en el lóbulo parietal) son virtualmente ciegos a todo lo que ocurre a su izquierda. Una investigación publicada esta semana en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' apunta a que escuchar su música preferida podría aliviar esta sensación.

Ese síndrome, denominado negligencia espacial, hace que estos pacientes no sean conscientes a toda la información que ven por la izquierda, el lado contrario al de su lesión. "Es algo que merma mucho su calidad de vida", explica desde Londres David Soto, investigador del Imperial College británico. "En caso extremos, sólo comen la mitad derecha del plato, o sólo se afeitan el lado derecho. Tienen dificultades para agarrar los objetos de ese lado, o se balancean y pierden el equilibrio".
La culpa no la tiene su ojo ("está intacto"), sino su cerebro, afectado por un ictus en el lóbulo parietal, algo así como "un centro de la conciencia". El experimento se llevó a cabo en colaboración con María Jesús Funes, de la Universidad de Granada, y otros investigadores de la Universidad de Birmingham (Reino Unido). Y aunque sólo contó con tres pacientes, sus resultados son tan novedosos y espectaculares, que indican que la música podría ser un fiel aliado en la recuperación de los pacientes.

Los tres voluntarios, con una media de edad de unos 60 años, tuvieron que realizar sencillas tareas en distintas circunstancias: escuchando su música favorita, en silencio o con una música que no les gustaba. M.P. se decantó por el country de Kenny Rogers, el mismo estilo musical elegido por otro paciente, R.H., que optó por la banda The Burrito Brothers Band. Finalmente, A. S. eligió a Frank Sinatra.

Los ejercicios consistían en elegir los objetos a la vista por su forma y color (el cuadrado azul), pulsar un botón al ver una mancha roja en la pantalla (que podía aparecer tanto por la derecha como por la izquierda), o buscar las estrellas pequeñas dibujadas en una hoja de papel junto a letras y otros elementos distractores.

Según explica el investigador español, las mejorías en la visión experimentadas por los tres (sobre todo por M. P.), no se deben a que la música les haga estar más atentos, sino "a que produce una reacción emocional positiva en los pacientes". O como explica desde la Universidad de Granada María Jesús Funes, otra de las firmantes: "Es como si la emoción fuese capaz de modular esas áreas visuales y, en consecuencia, las comportamentales".

Al margen de medir mediante escalas y tests el bienestar psicológico de los participantes provocado por sus melodías favoritas; el estudio incluyó un segundo experimento en el que fueron evaluados mediante pruebas de neuroimagen. En este caso, como explica David Soto, también se pudo confirmar que escuchar música placentera activaba regiones cerebrales implicadas en las respuestas emocionales positivas, como la amígdala o la corteza orbito-frontal izquierda. "La activación de estas regiones emocionales estaba relacionada con la reactivación de otras zonas alrededor del infarto", añade el investigador.

"Vimos que la música también reactivaba regiones en el lado derecho del lóbulo parietal; partes del cerebro que rodean a la zona donde se produjo el infarto pero que siguen intactas", explica. Es decir, como si las notas musicales fuesen capaces de activar conexiones perdidas alrededor de la zona dañada por el ictus.

A pesar de las evidencias que hay en otras ramas sobre los beneficios de la música (para recuperar la función respiratoria y cardiovascular, reducir el estrés y la ansiedad e incluso como 'analgésico' natural contra el dolor), los estudios sobre su papel en la rehabilitación de trastornos neurológicos es escasa. En 2008, un trabajo de investigadores finlandeses publicado en la revista ‘Brain’, demostró su capacidad para acelerar la recuperación cognitiva en las primeras semanas después del ictus.
Como decían en aquella ocasión los investigadores, es en esos primeros meses tras el accidente isquémico en los que el cerebro goza de una enorme plasticidad que se debería aprovechar para su recuperación.

Aunque en aquella ocasión los 60 pacientes del ensayo tenían una afectación más difusa, menos concreta que la negligencia visual (afectación motora, lenguaje, concentración y memoria), el trabajo también demostró que una o dos horas de su música favorita al día les hacía estar más atentos, menos deprimidos y confusos y con mejores puntuaciones en las escalas de memoria verbal.
Aunque los nuevos resultados son preliminares, y sus nuevos trabajos tendrán que ratificarlos con grupos más amplios de pacientes; Soto recomienda a las familias utilizar la música en casa para ayudar a los pacientes con ictus. Aunque eso sí, añade, "tiene que ser su música preferida".

De hecho, una encuesta europea realizada en 2005 señalaba que los pacientes con ictus pasaban más del 72% del día inactivos, en sus habitaciones y sin ningún tipo de interacción. La música, como señalaba el estudio finlandés, podría ser un buen elemento para llenar todo ese tiempo libre.
Lo sabe bien el doctor Francisco Ruza, jefe de la UCI pediátrica del Hospital La Paz de Madrid, donde la música forma parte de su unidad desde hace seis años. "Desarrollamos una serie de trabajos que fueron tomando forma", explica a elmundo.es, "hasta que nos decidimos a medir de forma rigurosa y científica si a los niños les funcionaba".

Fruto de esa experiencia es la tesis que está elaborando la musicoterapeuta María Jesús del Olmo y cuyos resultados han demostrado que la música mejora el confort de los bebés de cero a seis meses que permanecen ingresados en esa unidad de cuidados intensivos. "Hemos comprobado que mejora su frecuencia cardiaca y respiratoria, la saturación de oxígeno en la sangre...", se felicita el doctor, "son parámetros objetivos y estadísticamente significativos; medidos con mucho rigor científico".

Sobre esa idea de la UCI, la intención es ampliar el uso de la música a las unidades de hemodiálisis, a los niños trasplantados, con cáncer... y también a algunos servicios de adultos, como ocurre ya en el caso de los cuidadores de pacientes con Alzheimer o las mujeres con cáncer de mama.

EL CEREBRO DE LOS MUSICOS DE JAZZ AL DESNUDO


¿Qué ocurre en el cerebro de los músicos de jazz? Un grupo de científicos del Jonhs Hopkins lleva años tratando de averiguar qué se esconde detrás de la creatividad, la improvisación y la espontaneidad que definen este género musical. Parece que la clave está en cómo se procesa la música en sus cerebros, algo similar a como lo hace el lenguaje. Para estas personas, improvisar en las notas es parecido a la conversación que mantenemos todos con otro interlocutor, que va variando en función de lo que el otro nos dice.

Hace algunos años pudieron comprobar que si estos profesionales consiguen interpretar en directo, improvisar durante horas y embaucar con su esencia al público espectador es, entre otras razones, porque, mientras tocan desactivan las regiones cerebrales asociadas con la inhibición y la autocensura.

Ahora, el mismo equipo de expertos ha descubierto que las áreas cerebrales que "se activan en los músicos de jazz son las que tradicionalmente se relacionan con el lenguaje y la sintaxis oral", utilizada para interpretar la estructura de las frases. Sin embargo, durante este acto de creatividad artística "se cierran las zonas del cerebro vinculadas con la semántica" (útil para procesar el significado del lenguaje hablado). Así lo explica Charles Limb, uno de los autores del estudio, que acaba de ser publicado en la revista PLoS ONE.

A través de resonancia magnética funcional, Limb y su equipo reatrearon la actividad cerebral de once músicos de jazz (entre 25 y 56 años) que participaban en un acto denominado 'tranding fours', en la jerga del jazz, una práctica que consiste en alternar solos de cuatro compases entre los solistas. "Requiere de una enorme creatividad e improvisación", apuntan los autores. En estas actuaciones, "los músicos introducen nuevas melodías en respuesta a las ideas musicales de los otros participantes, las elaboran y las modifican en el transcurso del acto", en directo.

Durante el evento, de unos 10 minutos por sesión, cada uno de los músicos se posicionaba boca arriba en el interior de una máquina de IRM (imagen por resonancia magnética), con un teclado de piano de plático en su regazo. Gracias a dos espejos estratégicamente situados, el participante podía ver la colocación de sus dedos en el teclado, que fue especialmente diseñado para este trabajo. "No tenía piezas de metal, para evitar la atracción con el imán de la resonancia magnética.
Así fue como "vimos que la improvisación de los músicos activaba áreas del cerebro implicadas en la sintaxis, conocidas como el giro frontal inferior y el giro temporal superior. Por el contrario, "se desactivaban estructuras cerebrales relacionadas con el procesamiento semántico, llamadas giro angular y giro supramarginal".

Es decir, que las regiones cerebrales implicadas en la sintaxis no se limitan al lenguaje hablado. Más bien, asegura Limb, profesor asociado del departamento de Otorrinolaringología de la Universidad Johns Hopkins, "lo que ocurre es que el cerebro usa las áreas de la sintaxis para procesar la comunicación en general, ya sea mediante el lenguaje o la música.

Limb, que también es músico, asegura que el hallazgo de esta investigación arroja más luz sobre la compleja relación entre la música y el lenguaje. Hasta la fecha, "los estudios que analizan cómo el cerebro procesa la comunicación auditiva entre dos individuos lo hacen sólo en un contexto de lenguaje hablado". Una realidad parcial. "El jazz nos permite investigar la base neurológica de la comunicación interactiva que se produce fuera de una conversación convencional".

Con este estudio "queda claro que no hay diferencias importantes entre la manera en la que el cerebro procesa el significado del lenguaje y la música", relatan los autores en su artículo. Concretamente, "se trata de un proceso sintáctico, no semántico y esa es la clave para este tipo de comunicación musical".

Cuando los músicos de jazz parecen perdidos en este tipo de actuaciones de improvisación, "simplemente están esperando su turno. Están utilizando las áreas sintácticas de su cerebro para procesar lo que están escuchando y responder así (cuando sea su turno) con una serie de nuevas notas que ni han compuesto ni han interpretado nunca antes", señala el artículo. Es la magia de la improvisación y la creatividad del jazz.

jueves, 6 de marzo de 2014

EL ALCOHOL MATA NEURONAS?


El deterioro mental perceptible en los alcohólicos tiene poco que ver con esa asentada leyenda urbana. Para aniquilar cualquier tipo de célula, se necesitan altísimas concentraciones de alcohol –próximas al 100%–, y empezamos a emborracharnos a partir de un nivel en sangre del 0,1%.

El alcohol afecta más bien a las conexiones neuronales del cerebelo, zona de la que dependen el aprendizaje y la coordinación motora. Pero, como se puede comprobar en las autopsias, los encéfalos de los abstemios y los adictos a la botella tienen el mismo número de neuronas. Es su calidad, no la cantidad, lo que sufre con las borracheras.

CUIDADO MUCHACHOS, LA INTUICION FEMENINA EXISTE...!!!


Siempre se ha dicho que las mujeres son más intuitivas que los hombres. Pero, ¿realmente existe la intuición femenina? Un estudio, llevado a cabo por investigadores de las universidades de Granada, Pompeu Fabra de Barcelona y Middlesex University de Londres y que ha sido publicado en la revistaPsychoneuroendocrinology, nos saca de dudas.

El equipo de científicos afirma que las mujeres son más intuitivas que los hombres debido a un componente biológico (relacionado con la menor exposición prenatal a la testosterona en el vientre materno) que las predispone a ser más intuitivas y menos reflexivas que éstos durante sus vidas. Los hombres, que reciben más testosterona prenatal, son por ello más arriesgados y menos empáticos que las féminas.

Por tanto, las mujeres comparten el pensamiento intuitivo, aquel que se procesa de forma automática e inconsciente y, los hombres, comparten el pensamiento reflexivo, que requiere de un análisis consciente y de mayor esfuerzo. Ninguno es mejor que otro, ya que, en unas ocasiones “dejarse llevar por la intuición” nos llevará a tener éxito y en otras, reflexionar sobre el asunto y tomar una decisión, será la clave.

sábado, 22 de febrero de 2014

SE PUEDE BORRAR SELECTIVAMENTE CONTENIDO DE LA MEMORIA?


Si pudiera, ¿borraría todos los recuerdos desagradables? Alguien diría que ellos forman parte de nuestra personalidad.

Sin embargo, borrar memorias específicas es lo que intentan hacer científicos del hospital Rijnstate, en Holanda, que llevan a cabo un estudio sobre la terapia electroconvulsiva (TEC).

La TEC se ha utilizado durante más de 75 años. Y en muchos casos se le ha calificado de inhumana o se la ha vinculada con una psiquiatría de la vieja escuela.

Pero todavía son muchos los médicos -y pacientes- que creen en el uso de esta terapia para determinados casos que calificarían serios, como la depresión extrema.

La TEC consiste en pasar corriente eléctrica a través del cerebro para desencadenar convulsiones temporales. Se utilizan relajadores musculares y anestesia para hacer que esta experiencia sea lo más confortable posible.

La diferencia en el caso de este estudio es que se enfoca en recuerdos y utiliza la terapia para irrumpir en ellos.

A los participantes de la investigación les mostraron dos conjuntos de fotos, cada una de ellas con una historia.

Justo antes de la sesión de TEC, les volvieron a enseñar una de las historias, con el fin de reactivar ese recuerdo en particular.

Tras el tratamiento, a los pacientes se les olvidó la historia que acababan de mirar, mientras que la memoria de la otra había permanecido.

"Sólo recuerdo que me habían mostrado algo, pero nada más", le dice a la BBC Jannetje Brussaard-Nieuwenhuizen, participante del estudio y quien recibe TEC desde hace 1969.

Brussaard-Nieuwenhuizen considera que la terapia electroconvulsiva es lo único que la ha ayudado en su depresión extrema.

Los investigadores esperan que un día la TEC se utilice para tratar trastornos como el estrés postraumático.

"Potencialmente es muy emocionante, porque si podemos reactivar pensamientos o recuerdos, entonces tenemos metas para tratamientos dedicados a este tipo de problemas", le dijo a la BBC el doctor Jeroen Van Waarde, psiquiatra del hospital Rijnstate..

Sin embargo, Van Waarde advirtió que este estudio todavía está muy lejos de ser aplicado en pacientes.

Incluso si se prueba que es posible científicamente borrar determinados recuerdos, quedan preguntas éticas por responder, como las implicaciones de destruirlos.

Hay que tener en cuenta que estos resultados se basan en evocaciones generadas de forma artificial.

Las conexiones más profundas de nuestra memoria real pueden ser más difíciles de borrar.

ES HORA DE DORMIR... APAGUEMOS EL CEREBRO...!!!


Ahora, científicos del Centro para el Comportamiento y Circuitos Neuronales de la Universidad de Oxford descubrieron ese interruptor. Se trata de un gen que regula la actividad de un puñado de células nerviosas, o neuronas, que promueven el sueño en el cerebro.
 
"Cuando estás cansado, estas neuronas en el cerebro se activan y te mandan a dormir", explica el profesor Gero Miesenböck, jefe del laboratorio donde se hizo el estudio con moscas de frutas.

"Descubrimos un gen que si lo mutas, produce la pérdida de sueño", le cuenta por su parte a BBC Mundo el doctor Jeffrey Donlea, uno de los autores de la investigación.

Si bien estamos hablando de moscas, o drosophila, el experto aclara que el trabajo es relevante para los humanos, pues las personas tienen una versión de este gen regulador.

"Existen neuronas que también están eléctricamente activas durante el sueño de las personas y, como en las células de las moscas, son el blanco de la anestesia general que nos pone a dormir".

"Lo interesante sobre esta mutación es que pudimos tomar el gen y colocarlo de vuelta, y las moscas volvieron a la normalidad", continúa Donlea.

Al identificar el gen, los expertos explican que -en principio- se puede manipular para regular el sueño y así tratar a las personas que sufren de trastorno de sueño.


El trabajo en las moscas de fruta, publicado en la revista especializada Neuron, reveló uno de los muchos misterios que todavía quedan por descubrir sobre el sueño y su importancia.

El cuerpo utiliza dos mecanismos para regular el sueño. Uno es el reloj del cuerpo, o ritmo circadiano, que armoniza a humanos y animales con el ciclo del día y la noche de 24 horas; y el otro es una especie de "homeostato" en el cerebro que lleva una registro de las horas en que la persona está despierta y la pone a dormir cuando hay que descansar.

Cuando este mecanismo no funciona, empiezan los trastornos de sueño.

"Virtualmente no sabíamos nada sobre su funcionamiento (del homeostato)", le dice a BBC Mundo Miesenböck. "Ahora sabemos cuáles son esas células en las moscas y sabemos que hay una molécula clave, que si se daña no funciona el homeostato".

"También sabemos cómo los cambios en el homeostato afectan el que te sientas cansado o fresco", agrega.

En el día a día se puede experimentar la influencia de estos dos sistemas confrontados que regulan el sueño: el reloj circadiano y el homeostato, que normalmente están sincronizados.

Cuando el reloj dice en la noche que hay que dormir, y has estado despierto todo el día, el homeostato también dice 've a dormir'.

Pero Miesenböck explica que hay circunstancias en las que puede haber una desincronización de los dos sistemas. "Y notas que hay algo que no está bien".

Una de esas instancias es cuando la persona permanece despierta toda la noche, ya sea por trabajo o por algún evento social. Otro es el que se produce con el jetlag.

"El homeostato del sueño es similar al termostato de un hogar. Mide la temperatura y enciende la calefacción se hace mucho frío. En las moscas, mide cuánto tiempo una mosca ha estado despierta y si es necesario, enciende un pequeño grupo de células especializadas en el cerebro", afirma Miesenböck.

En el estudio, los expertos descubrieron moscas mutantes que no podían recuperarse de la falta de sueño, tras haber estado despiertas toda la noche.

Esas moscas también tuvieron severos problemas de aprendizaje y deficiencia de la memoria. La pérdida de sueño en humanos también puede originar problemas parecidos.

lunes, 23 de septiembre de 2013

LAS NEURONAS DEL 3 + 1 = 5

(articulo del blog del Lic. Alex Lopez-Rolon en ABC DIGITAL. Todos los derechos reservados)



“A tu derecha!” me dijo Stan y al girar la cabeza podía ver a través de la ventanilla del auto como a la distancia la parte superior de la Torre Eiffel se erigía majestuosa sobre el horizonte primaveral. Nos dirigíamos desde NeuroSpin, un centro de investigación de alta tecnología en las afueras de Paris a una reunión en el Servicio de Neurología del Hospital Pitié-Salpêtrière, una institución médica parisina por la que pasaron personajes como Charcot, Freud, Babinsky, Pinel y Janet entre otros.
“Hoy el tiempo es perfecto y hay poco tráfico” agregó mientras conducía a lo largo del río y escuchaba con atención mi relato sobre un evento científico sobre competencia númerica y el desarrollo del cerebro al que había asistido en Finlandia.
 
“¿Sabes cuál es problema con la mayoría de la gente, Alex? Al zambullirse exclusivamente en los detalles pierden de vista el todo. Soy seguramente el único en mi área que asiste hasta a conferencias de psicología social”.  A pesar de mi inexperiencia en la estratósfera académica en la que trabaja Stan, ya me era más que evidente que uno de los peligros de una exitosa carrera académica era el extraviarse en un laberinto de minucias.
 
Me sorprendió gratamente saber que Stan, en su excelente trayectoria, había salvado esas turbulentas aguas con pericia. Mi conductor era Stanislas Dehaene, probablemente el más famoso neurocientífico de Francia. A la edad de 34 años fue nombrado director de una unidad de investigación del Instituto Nacional de la Investigación Médica y de la Salud de Francia. Además de numerosos cargos y galardones de gran importancia es profesor de psicología cognitiva experimental del Collège de France, institución de fama mundial fundada en 1530 por el rey Francisco I que ha tenido como profesores a personajes ilustres como Jean-François Champollion, el descifrador de los jeroglíficos egipcios, para solo nombrar a uno. Gracias a la extraordinaria calidad de sus trabajos su ascenso a la fama ha sido meteórico y su nombre ha llegado a ser casi sinónimo del estudio de la relación entre el cerebro y nuestra capacidad de procesar información numérica, uno de sus varios temas de investigación. 
 
Vean el siguiente video en inglés de 5 minutos 10 segundos de una entrevista a Stanislas Dehaene:
 
 
Stan es el autor, entre otros, del libro “El Sentido Numérico: Como la Mente Crea a las Matemáticas” (1) y de muy importantes estudios publicados sobre el tema. En su libro nos muestra, entre otras cosas, evidencia científica sobre el hecho de que no solamente los bebes ya cuentan con un muy sencillo sentido numérico sino que hasta animales como la rata, la paloma, el mapache y el chimpancé son capaces de realizar simples cálculos. 
 
Vean este video sorprendente de la Universidad de Kyoto que muestra a la famosa chimpancé Ai presionando en la pantalla de una computadora el dígito arábigo correspondiente a la cantidad de puntos que contiene el conjunto que se le presenta en la misma pantalla: 
 
 
 
Este sentido numérico es una capacidad de estimar la „numerosidad” de las cosas, es decir la cantidad aproximada de objetos. Esta capacidad es el cimiento sobre el cual construimos posteriormente nuestra habilidad para crear símbolos numéricos y hacer cómputos exactos cada vez más complejos. El sentido numérico es comparable a nuestra capacidad de percibir color u objetos en el espacio que nos rodea y al igual que estas capacidades, basados en los estudios hechos hasta ahora, presumimos que es una capacidad innata. Se nace con sentido numérico. Esta capacidad básica es especialmente perturbada cuando se producen problemas con el normal funcionamiento de neuronas que se encuentran en una parte específica de un área del cerebro conocida como el “lóbulo parietal”. Si preguntamos a neurólogos, ellos quizás nos dirían que los primeros indicios sobre la posible importancia de esa área en la habilidad matemática más básica hayan sido una serie de artículos escritos por el neurólogo Josef Gertsmann que implicaban a lesiones en esta área del cerebro con la aparición de, entre otros tres síntomas, una extrema dificultad o pérdida de la habilidad de calcular (2).
 
Independientemente de cuales hayan sido exactamente los primeros indicios clínicos sobre el rol de esta parte del cerebro con la competencia numérica y cual sea exactamente ese rol, hoy en día gracias a nuevos aparatos y técnicas que nos permiten, sin abrir la cabeza de la persona, observar que áreas están especialmente activas cuando realizamos una tarea determinada, podemos confirmar que esta área tiene sin duda una estrechísima relación con nuestro sentido numérico (3). 
 
Si usted es la persona inteligente que sospecho que es se estará preguntando ahora mismo ¿Tiene esto alguna importancia para las personas que trabajan fuera de las paredes de un laboratorio o un hospital? ¿Qué tiene que ver esto con mi conversación con Stan bajo la distante metálica mirada de la Torre Eiffel? ¿En qué beneficia a la comprensión de este fenómeno el asistir hasta a conferencias de psicología social como dijo él? Y aquí es cuando las cosas se vuelven probablemente más relevantes para usted y para las personas en su entorno.
 
“¿Cuánto es 3 + 1?” pregunta afablemente el psicólogo. Después de un poco de duda, el niño de 9 años y 7 meses de edad a quien llamaremos Juan (no es su nombre verdadero) responde "3 + 1 = 5". Brian Butterworth (4), profesor emérito de la universidad inglesa University College London, nos relata que Juan puede leer sin ninguna dificultad y tiene un excelente rendimiento en todas las materias en la escuela con excepción de las matemáticas, a las que considera imposible. Juan puede contar hasta veinte correctamente pero con extrema lentitud, sabe que el número 4 viene despues del 3 pero como hemos visto cree que 3 + 1 es igual a 5, puede contar conjuntos de puntos que contengan hasta tres puntos pero en el caso de conjuntos con cantidades mayores solamente puede adivinar la cantidad y cuando se le presentan dos números y se le pregunta cual es mayor no puede responder correctamente.
 
Juan sufre de un trastorno del aprendizaje llamado "discalculia" que parece estar relacionado con problemas en el funcionamiento normal del cerebro en la parte que mencionamos. Klaus Willmes (5), un renombrado profesor de la Universidad Técnica de Aquisgrán, en el norte de Alemania, nos recomienda no confundir la discalculia con la acalculia. En el caso de la acalculia hablamos del disturbio o la pérdida de la competencia númerica por causa de una lesión en el cerebro, mientras que en el caso de la discalculia nos referimos a un trastorno de la competencia númerica presente ya desde la niñez.
 
En la discalculia vemos, como en el caso de Juan, que a pesar de que las otras capacidades intelectuales estas intactas, hay serios problemas que se limitan a la competencia numérica que no se pueden atribuir ni a una falta de motivación ni a una instrucción deficiente. Stanislas Dehaene, Anna J. Wilson y Nicolas Molko (6) nos explican en un artículo en la Revista Francesa de Pedagogía que la evidencia acumulada sugiere que las causas de la discalculia son muy probablemente genéticas.
 
Según estudios de Ruth Shalev (7), investigadora del Centro Médico Shaare Zedek de Jerusalén del 5 al 6% de los niños en edad escolar sufren de discalculia. Esto sumado a informes que ubican el porcentaje de personas con algún tipo dificultad, no necesariamente patológica, con las matemáticas en aproximadamente un 20% de la población (4) debería hacer de la competencia numérica un tema de gran preocupación social. Sin embargo, no hay suficiente conciencia del problema.
 
Por ejemplo, Brian Butterworth, el investigador inglés que mencionamos arriba, debe dedicar una buena parte del inicio de sus charlas a docentes y público en general a persuadir a los asistentes que una competencia numérica deficiente no solo es causa de mucho sufrimiento para millones de niños y adultos alrededor del mundo sino que tiene inclusive un impacto real en el desarrollo y progreso económico de las naciones. Es un problema que no solamente requiere comprender que pasa con las neuronas cuando la respuesta es 3 + 1 = 5 sino que requiere también una buena comprensión de sus efectos en la sociedad en que vivimos. Y necesita de la acción de todos. 
 
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Alex López-Rolón es un psicólogo paraguayo formado en Japón y especializado en Europa en neuropsicología cognitiva clínica y experimental. 
 
 

Referencias

  1. Dehaene S. The number sense how the mind creates mathematics. New York: Oxford University Press; 2011. 
  2. Rusconi E, Pinel P, Dehaene S, Kleinschmidt A. The enigma of Gerstmann’s syndrome revisited: a telling tale of the vicissitudes of neuropsychology. Brain J Neurol. 2010 Feb;133(Pt 2):320–32. 
  3. Willmes K, Knops A. Micro and macro pattern analyses of fMRI data support both early and late interaction of numerical and spatial information. Front Hum Neurosci. 2011;5:115. 
  4. Butterworth B. Dyscalculia: Causes, identification, intervention and recognition. Inaugural Conference on Dyscalculia and Maths Learning Difficulties in London; 2009. 
  5. Willmes-von Hinckeldey K. Akalkulie. Kognitive Neurol. Stuttgart: Georg Thieme Verlag; 2005. p. 84–95. 
  6. Dehaene S, Wilson A, Molko N. La dyscalculie développementale, un trouble primaire de la perception des nombres. Rev Française Pédagogie. 2005;152(1):41–7. 
  7. Shalev RS. Developmental dyscalculia. J Child Neurol. 2004 Oct;19(10):765–71. 

Pueden ver el articulo original en el blog del autor: http://www.abc.com.py/blogs/con-ciencia-en-mente-133/las-neuronas-del-3-1-5-2306.html

MAS ACERCA DEL CARACTER ADICTIVO DEL CANDY CRUSH



Como venia publicando hace meses, es ahora el diario Clarin de Argentina el que se hace eco del potencial poder adictivo de este juego. Les transcribo integramente el articulo publicado el viernes 20/09/2013 en la edicion digital de dicho periodico.



Seguramente, ya sentiste hablar del juego del momento y de la adicción que genera, quizá ¡hasta ya lo comprobaste! Hoy, se calcula que son alrededor de 50 millones de jugadores activos los que usan parte del día para conectarse, para jugar, jugar y seguir jugando.

Parte de su atractivo está en que es un juego social; a través de Facebook no sólo se puede seguir a los demás jugadores generando competencia y expectativa, también se les puede pedir ayuda para obtener más formas de continuar participando, como "vidas" o "pases" para desbloquear nuevos niveles.

Además, la facilidad de obtener la aplicación (al margen de ser gratuita) en diferentes dispositivos, como en la tablet, el celular, la computadora, hace que podamos seguir jugando en cualquier momento y lugar sin tener que esperar a que termine de cargar la batería de alguno de ellos.

Causantes de ansiedad y adicción, diversos estudios demuestran el efecto que producen las tareas irresueltas y la necesidad imperiosa por concluirlas para sentir la satisfacción por haberlo logrado.

Mecanismos
El factor social no es menor, ya que invita continuamente a mantenernos conectados, a superarnos y a estar pendientes de los demás. Desde que Facebook se convirtió en motor de nuestros contactos afectivos y sociales, ya no podemos escapar fácilmente de sus demandas; en parte, sigo jugando porque hay alguien que me necesita y del que yo también como jugador dependo. De esta manera, el juego se sostiene y perdura en el tiempo.

El ritmo de vida, convulsionado, agitado, estresante, nos lleva a buscar mecanismos para evadir al menos un poco la realidad y disminuir la ansiedad que nos genera.

La ansiedad es una emoción básica, adaptativa y normal que surge ante un desafío o peligro. Su función es la de ayudarnos a responder ante esa instancia de manera apropiada. Nos damos cuenta de ella al sentir el palpitar agitado de nuestro corazón o por esa sensación rara de zozobra o inquietud, que finaliza o cesa una vez resuelta la situación o problema. Entonces, ¿este tipo de juego aumenta o disminuye la ansiedad?

Paradójicamente, disminuye la ansiedad provocando cierto bienestar a medida que resuelvo cada desafío, pero la aumenta a medida que avanzo a partir de nuevos desafíos que necesito resolver. Se convierte en un circulo vicioso, cuanta más ansiedad tengo, más juego; cuanto más juego, más ansiedad genero. Así, se transforma en un pasatiempo altamente adictivo.

Pero no a todos les genera el mismo efecto. No todas las personas son susceptibles de padecer una adicción, tiene que haber predisposición y características de personalidad particulares.

¿Cuándo este tipo de juegos deja de ser un simple pasatiempo y se convierte en "amo y señor de mi vida"?  En cuanto la ansiedad comienza a ser marcada, definida, persistente, generando la necesidad urgente de jugar sin pensar en sus consecuencias. En ocasiones, puede sentirse malestar intenso, taquicardia, angustia, irritabilidad si no se logra conectarse o cuando no se puede jugar, cuando se pierde el control fácilmente. Cuando Candy Crush ocupa mi mente, de manera que paso a "pre-ocuparme" (ocuparme antes de que la situación suceda) gran parte del día.

Hablamos de adicción y síntomas de abstinencia cuando el juego regla y modifica mi vida en función de ella misma, trayendo problemas importantes a nivel laboral y socio-afectivas, como también de la propia salud.

Es importante y  necesario encontrar un equilibrio entre el deber y el placer. Para ello, hay numerosas actividades que podemos disfrutar saludablemente y que cumplen con la dosis justa y verdadera de distracción y serenidad. Una clave está en diversificar esas actividades.

María Cecilia Palozzo es licenciada en Psicología y especialista en trastornos de ansiedad. Integra el staff del Centro de Estudios Especializado en Trastornos de Ansiedad (CEETA), www.ceeta.org  


Articulo original en: http://www.clarin.com/buena-vida/tendencias/Candy-Crush-senor-muchas-vidas_0_996500796.html

martes, 23 de julio de 2013

BASES NEUROBIOLOGICAS DE LA ADICCION (3 y final)



Hoy sabemos que los estímulos ambientales (encontrarse con un amigo, pasar por delante de un determinado bar,...) (Imagen_18), estímulos discretos (como un olor, la parafernalia utilizada para la autoadministración de la droga...) (Imagen_19) o internos (el estrés, un determinado estado emocional...), previamente asociados al consumo de la droga y que se denominan estímulos condicionados, pueden desencadenar el deseo de consumo y respuestas emocionales en los pacientes adictos. Ello tiene una gran relevancia clínica ya que frecuentemente provocan la recaída tanto durante el consumo activo como durante la abstinencia. 





La importancia de los estímulos ambientales en la adicción fue observada primeramente dentro del ámbito clínico, a través de los relatos de los pacientes. Más recientemente, los estudios de neuroimagen funcional, han permitido observar la respuesta cerebral provocado por estímulos asociados al consumo en pacientes adictos. Uno de los primeros autores que ha trabajado en este campo es Anna Rose Childress que en 1999 ha publicado un trabajo de neuroimagen funcional en el que estudia un grupo de pacientes adictos a la cocaína desintoxicados y los compara con controles sanos. Los registros obtenidos muestran la respuesta de distintas estructuras neuronales cuando los pacientes y los controles están viendo un video con imágenes relacionadas con el consumo de cocaína. 
 
Durante la visualización del vídeo, los pacientes presentaron activación en dos regiones límbicas, la amígdala y en el cingulado anterior. El registro cerebral permite observar claramente activación en dos regiones límbicas, la amígdala y el cingulado anterior. La activación de estas dos regiones es muy significativa puesto que las dos tienen un papel muy importante en la conducta afectiva y el aprendizaje emocional. La amígdala es critica para el aprendizaje de relaciones entre el significado biológico de los estímulos (comida, bebida, dolor) y las señales que los predicen. En los pacientes que consumen cocaína, la amígdala procesa también el significado emocional de esta droga. Por su parte, el cingulado anterior comparte conexiones recíprocas con la amígdala y tiene también un papel en el control de las respuestas emocionales. 
 
En estos estudios, se registra al mismo tiempo la respuesta emocional del sujeto ante los estímulos relacionados con el consumo y se observa que las regiones cerebrales antes mencionadas, se activaban al mismo tiempo que el sujeto experimentaba deseo de consumo (craving) y que la activación era más intensa cuanto mayor el deseo de consumo experimentado por el paciente El proceso de condicionamiento también se ha estudiado mediante modelos experimentales realizados en animales. Éstos últimos han permitido conocer con mayor precisión cuales son los núcleos y las conexiones neurales que intervienen en el efecto de los estímulos condicionados. 





Los estudios experimentales han permitido evidenciar la implicación esencial del sistema dopaminérgico en el proceso de condicionamiento de estímulos relacionados con el consumo, aunque otro neurotransmisor, el glutamato, juega también un papel crucial en este proceso. ¿Como se realizan estos estudios de condicionamiento en el laboratorio? Normalmente se llevan a cabo en roedores de laboratorio, a las que se administra previamente una droga como la cocaína utilizando un programa previamente establecido.
 


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Posteriormente, mediante un diseño experimental adecuado, se entrena a estas ratas a responder a estímulos ambientales que se han asociado a la presentación de la droga durante el programa previo de administración. De esta manera, se observa como las ratas responden ante los estímulos ambientales de la misma manera que lo harían ante la droga. En esta situación, se ha observado que la presentación de estímulos condiconados provoca un aumento de dopamina en el NAc. 
 
Las regiones cerebrales implicadas cuando un individuo, animal o humano, está procesando estímulos relacionados con el consumo, son, esencialmente, el CPF, la amígdala, el NAc, en concreto una de la subregiones de esta estructura, el “core”, que es el que está conectado con la amígdala.Las conexiones entre los dos primeros y el NAc “core” son cruciales en el establecimiento de conexiones estímulo-recompensa, donde los estímulos son elementos discretos (un sonido, una luz, un olor). Además, el hipocampo, una estructura crucial para el procesamiento de la memoria relacionada con el contexto en el cual tienen lugar el condicionamiento. Esta estructura recibe también proyecciones dopaminérgicas procedentes del ATV y, a su vez, se proyecta sobre el NAc, relacionando así un determinado contexto con su valor como reforzador o motivador. También se ha observado activación en otras regiones de los ganglios basales, como es estriado dorsal. 



En otros diseños experimentales, se ha observado que es, precisamente, el aumento en los niveles de DA provocado por la presentación inesperada de estímulos condicionados, lo que desencadena en las ratas la conducta de búsqueda de la droga, previamente aprendida. En humanos seria el equivalente a desencadenar el deseo de consumo, que es el preámbulo de la búsqueda de la droga y posterior consumo o recaída. En este punto, es importante recordar que en esta conducta de consumo controlada por estímulos ambientales, la amígdala y sus conexiones con el NAc “core” son esenciales. 

La conducta de consumo de drogas de abuso es, en sus fases iniciales, una acción instrumental, motivada y dirigida a un claro objetivo: la obtención de placer, bienestar y euforia, proporcionados por la droga. Hoy sabemos que con el tiempo y la repetición, las acciones instrumentales inicialmente dirigidas a un objetivo se transforman en habituales, activadas por mecanismos estímulo-respuesta, y acaban por transformarse en hábito de conducta.

Si la conducta de consumo de droga en sus momentos iniciales era una conducta impulsiva, en la fase final del consumo, cuando la adicción ya está constituida, el consumo es de tipo compulsivo.
 
Esta evolución de la conducta de consumo se refleja en los mecanismos neurobiológicos que la sustentan. Mientras que en las primeras fases del consumo, la conducta dirigida al objetivo estaba controlada, esencialmente, por la actividad del cortex prefrontal, a medida que avanza el consumo, el control de la conducta se va transfiriendo progresivamente a la actividad de los núcleos subcorticales. Es decir, el CPF mantiene conexiones bidireccionales bien organizadas con el estriado dorsal, a través de los circuitos cortico-estriato-corticales, que controlan la conducta automática o habitual. La alteración funcional del cortex prefrontal, debida en gran parte al desequilibrio entre los receptores D1 y D2, ya descrito anteriormente, y también a alteraciones funcionales en otros sistemas de neurotransmisión, como el glutamato y la serotonina, favorece el establecimiento de hábitos compulsivos de consumo. 
 
Por otra parte, en el estriado se van produciendo cambios durante el consumo crónico de sustancias. El NAc media los efectos motivacionales de consumo de drogas al inicio del proceso adictivo, esencialmente a través de la liberación de DA. Sin embargo, con el consumo crónico los efectos dopaminérgicos de las sustancias adictivas, se extienden desde el NAc (situado en la región ventral del estriado) hacia las regiones dorsales del estriado dorsal. La región ventral del estriado se denomina también estriado límbico y a medida que avanzamos hacia las regiones dorsales del estriado vamos encontrando las regiones de asociación y sensoriomotoras del estriado.

Estudios realizados en roedores y en primates han puesto de manifiesto que en las fases iniciales de exposición a la droga, el aumento de los niveles de DA como consecuencia del consumo afectan, preferentemente, al estriado ventral, y a medida que la adicción avanza, el incremento en la liberación de DA se va extendiendo al estriado dorsal. En pacientes adictos, las técnicas de neuroimagen funcional han permitido evidenciar diferencias en la liberación de DA en las distintas regiones del estriado, límbica, asociativas y sensoriomotora, con un predominio de la liberación de este neurotransmisor en las REGIONES  LIMBICAS. En esta situación, el consumo de la droga se mantiene de forma automática, a pesar de que el objetivo último de la conducta (la obtención de placer) se ha devaluado y la conducta ya no está bajo el control voluntario por parte del sujeto. 
 
Al final del proceso adictivo, extensas regiones cerebrales están implicadas en este trastorno psicopatológico y todas ellas experimentan cambios neuroadaptativos y neuroplasticos. Entre todas estas regiones debemos mencionar los núcleos dopaminérgicos mesencefálicos (ATV y SN), distintas regiones límbicas esenciales en el procesamiento emocional, como la amígdala, el hipocampo, el NAc, el estriado dorsal y el cortex prefrontal. 

El proceso de formación de hábitos de conducta, con la puesta en marcha de los mecanismos que constituyen el sustrato neurobiológico del aprendizaje, es fundamental en todos los tipos de adicción. En las adicciones no químicas, como el juego patológico o las compras compulsivas, en las cuales no existen los efectos dopaminérgicos adicionales que la sustancia genera, la activación de los mecanismos neurobiológicos propios del aprendizaje motivacional y del aprendizaje de hábitos debe desempeñar un papel fundamental en el control de la conducta del adicto. Además, los efectos profundos de este tipo de aprendizajes, que forman parte de los mecanismos de memoria procedimental, contribuirían a explicar la resistencia a la extinción de las conductas adictivas. 




La vulnerabilidad para el desarrollo de un adicción está influenciada por diversos factores genéticos y ambientales. Ambos factores se entrelazan entre sí y se suman a los efectos propios de las drogas de abuso, potenciándose mutuamente. 

Muchos trastornos médicos tienen un componente genético, pero la mayoría de ellos, con inclusión del cáncer, la obesidad y las enfermedades del corazón presentan un componente genético múltiple, con contribuciones de múltiples genes y variantes genéticas. Igualmente, la vulnerabilidad a la adicción está determinada por múltiples genes, muchos todavía sin identificar y, de los ya identificados, se desconoce todavía como interaccionan entre sí y con el ambiente. A título de ejemplo, vamos a hablar de algunos factores concretos que tienen especial influencia en la adicción.

En humanos adictos a distintas drogas de abuso, cocaína, alcohol, heroína, etc, se ha descrito una disminución de la densidad de un tipo de receptor dopaminérgico, los receptores D2 en el estriado, que vendría determinada por la presencia de determinadas variantes del gen que codifican la expresión del receptor de D2 en estos individuos vulnerables. Esta disminución de D2 persiste en los pacientes adictos incluso después de varios meses de abstinencia y algunos autores han propuesto de podría preceder a la adicción, es decir, estar presente incluso antes que se desarrolle la adicción. Se cree que esta disminución en la densidad de estos receptores dopaminérgicos implica una hipofuncionalidad en este sistema que, desde la vertiente emocional implicaría un estado de malestar que induciría al consumo. Es decir, estos individuos después de las primera experiencias esporádicas con la droga, experiencias que muchos individuos, sobre todo jóvenes pueden tener, estarían muy predispuestos a repetir el consumo, ya que la experiencia de placer y bienestar proporcionada por la droga sería muy superior a la que experimentaría un individuo normal. Algunos autores han hablado de “síndrome de déficit de recompensa” que predispondría a las conductas adictivas como un intento de compensar la sensación básica de malestar (automedicación).

Un factor que tiene un peso especialmente relevante en el consumo de drogas es la impulsividad. Para hablar de la impulsividad en este contexto, es interesante hacer referencia al trabajo realizado por el grupo de Antonio Damasio Antonio Bechara quienes han trabajado en este tema. Vamos a poner el mismo ejemplo que ellos publicaron en la revista Nature en el año 2005. Imaginemos que estamos en una fiesta y un amigo nos ofrece la posibilidad de consumir droga. Si nos paramos a pensar solo un momento, en nuestra mente podremos oir la voz de nuestros padres previniéndonos contra los peligros que dicho consumo puede conllevar. Nosotros mismos sabemos que, en determinadas condiciones, después es un peligro conducir, o que al día siguiente no nos concentraremos para preparar el examen etc. Estamos ante una situación de decisión dura pero debemos decidir entre un placer inmediato o la obtención de unos beneficios muy superiores a largo plazo. Aquí entra en juego nuestra capacidad de resistir el primer impulso. La mayoría de personas tienen una capacidad normal de controlar las respuestas impulsivas, es decir, las que en este caso nos harían actuar movidos por el placer inmediato. Sin embargo, otras, son especialmente vulnerables en este sentido y les resulta difícil controlarse ya desde las primeras veces que entran en contacto con las drogas. Bechara ha comparado las dificultades de estos individuos con los pacientes neurológicos que presentan determinadas disfunciones en el cortex prefrontal, que les predisponen a tomar decisiones poco convenientes. 

Hemos hablado de dos factores con un peso genético, el malestar intrínseco de determinados individuos y de la predisposición a actuar con impulsividad. Si una de estas dos características o las dos a la vez, coinciden en una persona con una carga ambiental negativa, genética y ambiente se combinan y actúan en contra del individuo impulsándole a consumir. Pero además, algunas de estos factores de vulnerabilidad genética pueden facilitar los cambios neurobiológicos, que antes hemos descrito.

sábado, 20 de julio de 2013

BASES NEUROBIOLOGICAS DE LA ADICCION (2)


¿Qué motiva el consumo de sustancias? ¿Qué factores determinan que un individuo empiece a consumir de manera continuada y desadaptativa y acabe convirtiéndose en un adicto?
 
En términos generales podemos decir que se han elaborado, esencialmente, tres teorías de la adicción.
 
A)   El consumo como fuente de obtención de placer (refuerzo positivo)
 
Esta es la teoría más tradicional y, ya obsoleta, de la adicción. Clásicamente, se ha creído que las personas que consumían droga lo hacían por el placer de su consumo, es decir, por “vicio”. 
 
Es cierto que en un principio, el consumo de una sustancia adictiva viene determinado por su capacidad de producir placer, o de elevar o alterar el estado de ánimo. Por ejemplo, los opiácios producen una sensación de bienestar, la cocaína de euforia, el NMDA aumenta la capacidad de comunicación, el alcohol produce sedación. 
 
Pero este efecto placentero se acaba pronto y en su lugar aparecen toda una serie de otros factores y problemas que van consolidando la adicción. Sin embargo, el placer no explica el uso continuado de la sustancia, ya que disminuye rápidamente con el tiempo por el efecto de la tolerancia. Además, el placer producido por las sustancias adictivas también disminuye por las complicaciones médicas y de otras índoles producidas por estas sustancias adictivas. 
 
B)   Consumo para contrarrestar los efectos negativos de la abstinencia (refuerzo negativo)
 
De acuerdo con esta concepción, el sujeto consume para evitar los desagradables síntomas de la abstinencia, ya sean síntomas físicos, temblor, taquicardia.., o psicológicos, como estados de ánimo disfóricos o depresión; es lo que se denomina síndrome de abstinencia. En términos técnicos, podemos decir que la persona continua consumiendo porqué la droga está actuando como refuerzo negativo. Puede hablarse también de automedicación.
 
Koob and Le Moal lo han explicado muy bien en su teoría el espiral adictivo o como más recientemente lo han denominado, “la cara oscura de la adicción” (Koob and Le Moal, 2005).
 
En estos momentos nadie puede negar la importancia del consumo para evitar los efectos negativos de la abstinencia. Sin embargo, actualmente es bien conocido que el síndrome de abstinencia desaparece por término medio, una semana después de haber dejado de consumir la sustancia, a lo sumo puede durar dos semanas. Si además, el paciente sigue un tratamiento farmacológico, el síndrome de abstinencia queda completamente compensado. Y entonces la pregunta es: qué mantiene el deseo de consumo y desencadena la recaída cuando el síndrome de abstinencia ha desaparecido ya completamente?
 
C)   La adicción como sensibilización a la sustancia adictiva

Actualmente se sabe con certeza que el intento de evitar la sintomatología de abstinencia no explica la adicción.

Los pacientes adictos explican frecuentemente su uso continuado de la sustancia como un intento de experimentar de nuevo los efectos del primer o primeros consumos, muchas veces sin conseguirlo debido al fenómeno de la tolerancia. Lo cierto es que a medida que pasa el tiempo, el individuo que abusa de la droga puede ir experimentando un deseo creciente, no controlable de consumir la sustancia. Este deseo (denominado con el término anglosajón craving), se experimenta más cuando el individuo no está consumiendo y, sobre todo, cuando empieza a hacer esfuerzos por no consumir. 
 
En este momento en que el deseo de consumo empieza a ser intenso y a estar muy presente en el pensamiento del individuo, es cuando empiezan a aparecer las primeras sombras del trastorno adictivo. A partir de este momento, cualquier estímulo ambiental, un ruido, una luz, un olor, un amigo o compañero de consumo, un lugar habitual, desencadenan un deseo irrefrenable, que puede aparecer de forma inesperada, aunque el individuo no hubiera estado pensando conscientemente en consumir. 
 
Podría decirse, que el adicto se ha sensibilizado a la droga y a los estímulos que la recuerdan. Los clínicos que se dedican al tratamiento de las adicciones conocen bien este fenómeno.
 
Robinson y Berridge, dos autores que han trabajado en el campo de la adicción, han elaborado una teoría conocida como teoría de la sensibilización del incentivo, en la que explican bien este proceso. En esta teoría se expone que, mientras que en el uso esporádico de la droga, en las primeras etapas de consumo, cuando todavía no se puede hablar de adicción, la emoción predominante es el gusto o placer del consumo. 
 
Sin embargo, cuando la adicción se ha consolidado, la emoción que domina al individuo es la necesidad y la urgencia por consumir (craving). Estos autores explican en su teoría, los circuitos cerebrales implicados en este proceso, que incluyen el NAc, pero también la amígdala y el cortex prefrontal, que resultarían hipersensibilizados por el consumo continuado de la sustancia adictiva (Robinson and Berridge, 2001).


Los estudios experimentales realizados en roedores han puesto de manifiesto que, en la administración aguda, los efectos reforzantes y motivacionales de las drogas de abuso se deben, esencialmente, a un incremento de la actividad del sistema dopaminérgico de la recompensa.




Todas las sustancias adictivas tienen en común su capacidad de provocar un aumento de los niveles de dopamina, especialmente en una estructura denominada núcleo accumbens (NAc), ya sea de manera directa o indirecta. 
 
Los estimulantes como la cocaína o la anfetamina, producen sus efectos actuando directamente sobre las neuronas dopaminérgicas en el NAc. Otras drogas, como los opiáceos producen su efecto adictivo de manera indirecta a través de receptores opiáceos que se encuentran distribuidos en el sistema mesolímbico (Bardo, 1998). El cannabis, el alcohol, y la nicotina producen sus efectos reforzantes también a través de mecanismos no dopaminérgicos. 
 
El sistema dopaminérgico de la recompensaestá constituido por las vías, cuyo neurotransmisor es la dopamina, tienen su origen en el área tegmental ventral (ATV) y se proyectan sobre distintas regiones del sistema límbico (sistema mesolímbico).

Entre las estructuras del sistema límbico debemos destacar el núcleo accumbens (NAc), el núcleo de la recompensa por excelencia, la amígdala y regiones relacionadas y el hipocampo. Todas estas regiones del cerebro son esenciales en el proceso adictivo. Además, el NAc, a pesar de ser una región muy pequeña, no es homogénea sino que puede subdividirse en dos áreas distintas tanto en relación a sus conexiones con otras estructuras como por sus funciones, el “core” y el “shell”.

 
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El “shell” es la región donde la liberación los reforzadores naturales y las drogas de abuso inducen la liberación de dopamina. Otra región crucial en la adicción es el cortex prefrontal, donde se proyectan aferencias que tienen su origen en el ATV y constituyen el sistema mesocortical (sistema mesocortical) (Imagen_3). Durante el consumo de sustancias adictivas, la hiperactividad dopaminérgica en estas regiones puede significar, en individuos vulnerables, el inicio del proceso adictivo. 
 
Las sustancias adictivas se comportan de manera similar a las recompensas naturales (la bebida, el sexo o las relaciones sociales), todas producen placer desde la perspectiva conductual y desde la vertiente neurobiológica actúan, esencialmente, sobre los mismos mecanismos neurales. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre las recompensas naturales y las drogas de abuso. Las recompensas naturales producen, una vez consumidas, un efecto de saciedad que tiene un correlato neurobiológico claro en el sistema dopaminérgico. Es decir, una vez satisfecho el deseo o necesidad de consumo de las recompensas naturales, disminuye la liberación de dopamina. 
 
Pero a diferencia de éstas (las recompensas naturales, las sustancias adictivas, lejos de producir disminución de la DA liberada, al contrario la aumentan; este efecto se denomina sensibilización dopaminérgica, y se produce sobre todo cuando las drogas se consumen de forma repetida e intermitente. Es esta capacidad de las drogas de “usurpar” los mecanismos de la recompensa “sin saciarlos”, produciendo en su lugar “sensibilización”, lo que hace que las drogas sean adictivas.

 
Durante el consumo crónico, los efectos placenteros de la droga van disminuyendo progresivamente, principalmente debido a la tolerancia y a mecanismos de neuroadaptación. Si nos fijamos en el sistema de la recompensa y, esencialmente en su neurotransmisor principal, la DA, durante esta etapa se produce una situación bifásica en la liberación de este neurotransmisor. Por una parte, en los momentos de ingesta de la droga los niveles de DA sináptica aumentan mientras que, por otra parte, cuando cesa el consumo o durante la abstinencia se produce una disminución de los niveles de DA. 
 
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Desde la perspectiva emocional, la disminución de los niveles de DA, es responsable de la depresión emocional y de las alteraciones cognitivas que acompañan al consumo crónico de la droga. 
 
Durante el consumo crónico, la hipofuncionalidad dopaminérgica, pero también los cambios abruptos en los niveles de DA sináptica, son responsables de un gran número de alteraciones neurobiológicas, cambios neuroadaptativos, que caracterizan la adicción. Estos cambos afectan a los receptores dopaminérgicos, D1 y D2, y a los sistema de segundos mensajeros intrasinápticos, que acaban por modificar de manera crónica el equilibrio funcional del sistema dopaminérgico y otros sistemas de neurotransmisión. Estos cambios son también responsables de los efectos concretos de las drogas de abuso y contribuyen a consolidar la adicción.


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El cortex prefronal (Imagen_7), la parte anterior del lóbulo frontal, está constituido por 3 grandes regiones diferenciadas (la región orbitofrontal COF, regiones mediales con inclusión del cingulado anterior y cortex prefrotnal dorsolateral), cada una de las cuales tiene distinta capacidad funcional. El CPF es el substrato neuronal que da soporte a la capacidad de organizar el pensamiento y la acción, de marcarnos objetivos y seguirlos.


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Gracias a la actividad del CPF podemosmantener presente en la memoria activa, una información determinada, relacionarla con otras informaciones que provienen del exterior o que estaban previamente almacenadas en nuestra memoria y elaborarla. Ello nos permite también definir objetivos, asignarles un valor de acuerdo con nuestros intereses y motivaciones y, finalmente, seleccionar una conducta y los medios para conseguir el objetivo. En los humanos, el CPF está muy desarrollado -lo integran un gran número de neuronas y conexiones- en comparación con nuestros inmediatos seguidores en la escala filogenética, los primates no humanos. El cerebro humano, integrado por 100 billones o más de neuronas, nos permite una rica representación del mundo exterior y una gran flexibilidad conductual.
 
Cuanto más bajamos en la escala filogenética, menor es el desarrollo cerebral y menor la flexibilidad conductual, por tanto. En animales con apenas 100 neuronas, solo es posible la aproximación a la comida y la evitación de los depredadores, de acuerdo con patrones rígidos genéticamente determinados. Cuánto mayor es el número de posibles opciones de elección de conducta, mayor es también la posibilidad de error y para evitarlo se hace necesaria mayor capacidad de atención, de coordinación de funciones y de toma de decisiones para evitar confusión e interferencias. La consecución de un objetivo implica que se eviten las distracciones y también que se venzan o se eviten los obstáculos y el CPF juega un papel fundamenteal en la  inhibir las conductas no deseadas o maladaptativa. 

El CPF está conectado con la amígdala, el Nac, el estriado dorsal, el hipocampo, el hipotálamo. 
 
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El CPF recibe proyecciones dopaminérgicas del ATV, igual que el NAc y la dopamina es una de los neurotransmisores cruciales del proceso adictivo y su función se produce a través de dos tipos de receptores, D1 y D2, ambos esenciales para mantener el fino equilibrio de la función dopaminérgica prefrontal. Otros neurotransmisores juegan también un rol esencial, aunque los veremos más adelante. 

La capacidad funcional del cortex prefrontal deteriorada por el consumo de drogas, especialmente la de las regiones orbitofrontales y ventromediales, se ha evaluado esencialmente a través de distintas pruebas, entre las que podemos destacar:a prueba de SPROOP y, más recientemente el GAMBLING. 

La prueba de Stroop evalúa, básicamente, la capacidad de inhibición de respuesta, en especial de la respuesta prepotente, aquella de daríamos espontáneamente sin casi pensar, para dar paso a la respuesta correcta para la que hay que hacer un pequeño esfuerzo de pensamiento. 

Goldstein y Volkow han utilizado esta prueba para valorar a pacientes adictos a cocaína y a pacientes adictos al alcohol al mismo tiempo que realizaban una prueba de neuroimagen funcional (tomografía por emisión de positrones PET), que permitía valorar la respuesta de distintas regiones prefrontales. Los resultados de este estudio muestran una alteración de la capacidad funcional de cortex prefrontal en pacientes adictos, al contrario que en los controles sanos, cuánto mayor es la capacidad metabólica del cortex orbitofrontal evaluada mediante PET, menor susceptibilidad a la interferencia en la prueba de Stroop).




Además, en otro estudio en el que compara la respuesta, emocional y de neuroimagen funcional (PET), de un grupo de pacientes adictos a la cocaína y sus controles, cuando se les administra un estimulante como el metilfenidato (un fármaco cuya actividad es muy parecida a la de la cocaína o la anfetamina). Después de haber tomado metilfenidato en condiciones controladas, los pacientes adictos experimentan una intensa sensación de deseo de nuevos consumos (craving). Al ser evaluados mediante PET, los pacientes s presentan también una respuesta del cortex orbitofrontal y medial opuesta a la de los controles sanos.
 
Es decir, el metabolismo del cortex orbitofrontal en condiciones basales, es menor en los pacientes adictos que en los controles para el placebo, mientras que cuando se administra metilfenidato, el metabolismo del COF es superior en pacientes adictos que en controles. Además, y este es un factor muy importante, existe una relación positiva entre la actividad metabólica del cortex orbitofrontal, inducida por el metilfenidato en los pacientes, y el deseo de consumo.




Otra de las pruebas utilizadas para evaluar la función prefrontal es el gambling de Damasio, Bechara y colaboradores. Este test simula situaciones de la vida real en las que se han de tomar decisiones de las que pueden derivar consecuencias ventajosas o desventajosas para el individuo que las está tomando. En este test, las consecuencias o los costes de las decisiones son económicas, se gana o pierde dinero en función del tipo de decisión tomada en el test. En qué consiste exactamente esta prueba? Consta de cuatro barajas de cartas A, B, C, D, situadas boca a bajo. Cada una de las cartas de las 4 barajas lleva asociada una determinada cantidad de dinero que puede ganarse o perderse. Las dos primeras, las barajas A y B, llevan asociadas ganancias de grandes cantidades de dinero, pero también grandes pérdidas; las pérdidas en estas barajas son más frecuentes que las ganancias, de manera que eligiendo las cartas de estas barajas, el resultado global es de pérdida. Las dos segundas, C y D, llevan asociadas pequeñas ganancias pero también pequeñas pérdidas y el resultado global de elegir mayoritariamente cartas de estas barajas es positivo (ganancia). 
 
Estas reglas no se explican en el test sino que las tiene que ir descubriendo poco a poco el individuo que lo realiza (simulando la vida real en la que las reglas del juego debe descubrirlas cada uno individualmente y en función de sus propios valores). Los individuos normales, después de algunas pérdidas en las barajas A y B empiezan a utilizar otra estrategia, evitan esas barajas y eligen frecuentemente cartas de las barajas C y D. Los pacientes impulsivos continúan seleccionando cartas de las barajas A y B y teniendo pérdidas, ya que parecen ser incapaces de sustraerse a la recompensa inmediata que representa una gran ganancia, sin darse cuenta de que se están poniendo constantemente en situación de riesgo de tener pérdidas mucho mayores. Estos pacientes parece que no se preocupan por las consecuencias futuras de su conducta y esta conducta se mantiene aunque las consecuencias adversas se incrementan.
 


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Desde el punto de vista cognitivo, el gambling es una prueba compleja que implica diversas capacidades:
 
1) la capacidad decodificar el contenido emocional de los estímulos y la motivación;  

2) la capacidad de monitorización de la acción; 

3) la memoria de trabajo. 

Los estudios realizados con pruebas de neuroimagen han asociado la realización del “gambling” con actividad en regiones prefrontales: cortex orbitofrontal (COF), cortex prefrontal ventromedial (CPFVM), cortex cingulado anterior (CCA) y también cortex prefrontal dorsolateral (CPFDL) (Imagen_14), que constituyen el substrato neural que está en la base de la capacidad de toma de decisiones. El conocimiento de estos mecanismos neurales puede conducir al establecimiento de estrategias eficaces de intervención y prevención de la adicción. El COF merece especial mención. Es el substrato neural que hace posible el procesamiento consciente del aprendizaje basado en el refuerzo positivo. En humanos, el COF tiene conexiones con los substratos neuroanatómicos que procesan los efectos reforzantes de las drogas de abuso, como la cocaína. También es el substrato neuroanatómico de la toma de decisiones y de la conducta impulsiva y su disfunción produce cambios en la personalidad caracterizados por irresponsabilidad y persistencia en las conductas autodestructivas.
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Estas alteraciones explican porqué los pacientes adictos a la cocaína u otras drogas, continúan consumiendo la droga a pesar de que ya no consiguen el placer experimentado en el primer consumo o las primeras veces y de las consecuencias extraordinariamente negativas del consumo (Fischman et al., 1985). De acuerdo con los resultados de estos trabajos, los pacientes adictos tienen dificultades en tomar decisiones ventajosas para ellos mismos y en inhibir respuestas y actos no deseados.
 
Cambios neuroquímicos relacionados con el sistema dopaminérgico
 
El consumo de drogas adictivas produce en el CPF un aumento de la liberación de dopamina que afecta de una manera especial aunque no exclusiva a las regiones orbitofrontales (COF). El aumento repetido de los niveles de dopamina provoca una sobre estimulación de los receptores D1 y, como consecuencia de esta estimulación, se produce un aumento en la actividad de los mecanismos celulares de memoria, la potenciación a largo término (PLT) que facilitan el aprendizaje de pistas y contextos asociados al consumo de la droga (este proceso de aprendizaje es crucial en la adicción y lo volveremos a tratar más adelante). 
 
Al mismo tiempo y también como consecuencia de la hiperactividad dopaminérgica provocada por el consumo crónico de drogas, también se ha puesto de manifiesto cambios neuroadaptativos en las células piramidales del cortex prefrontal. Estos cambios afectan a las neuronas del CPF a distintos niveles, pero vamos a mencionar uno de ellos a título de ejemplo. Como consecuencia de la hiperestimulación repetida de los receptores D1, se producen cambios neuroadaptativos que afecta a la proteína G del sistema de señalización intracelular del receptor D1 y ello induce un desequilibrio entre los receptores D1 y D2 a favor de la activación D1 y detrimento de la actividad propia de los receptores D2. 
 


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El predominio de la actividad D1 favorece un estado inhibitorio en el que solo los estímulos más fuertes pueden provocar activación y motivar la conducta. En estas condiciones, en pacientes adictos, solo la droga y los estímulos asociados a la droga (y ya no los reforzadores naturales) son suficientemente fuertes para provocar la liberación de dopamina necesaria para activar el CPF y sobrepasar la inhibición producida por el predominio de los receptores D1. 
 
Estos cambios neurobiológicos en el CPF son muy importantes y tienen una consecuencia conductual crucial en la vida del paciente adicto. Efectivamente, en la adicción se observa un estrechamiento progresivos de los objetivos que guían la conducta que puede atribuirse tanto al sobre aprendizaje por activación excesiva del mecanismo de PLT, como a cambios neuroadaptativos, como los descritos, que afecta a los mecanismos superiores de control de la conducta, que descansan sobre el cortex prefrontal (mecanismos de control “top-down”).
 
Los datos descritos acerca de los mecanismos neurales de la memoria y los cambios neuroadaptativos en la adicción, se conocen gracias a los estudios realizados en animales de laboratorio. Pero existen datos obtenidos a partir de pacientes (humanos) que impliquen al CPF en la adicción? Efectivamente, existen estudios realizados en humanos mediante técnicas de neuroimagen funcional, que utilizan técnicas como la tomografía por emisión de positrones (PET) o la resonancia magnética funcional (RMf). Estos estudios muestran que durante el consumo activo de estimulantes como la cocaína o la anfetamina, el CPF está hiperactivo, mientras que durante la abstiencia, las mismas regiones son hipofuncionales, en comparación a individuos sanos. Estas alteraciones en la actividad del cortex prefrontal son responsables en gran medida de la evolución del proceso adictivo.